Los que no quieren ser vencidos por la verdad, son vencidos por el error. Agustin de Hipona

martes, 11 de enero de 2011

LOS PADRES APOLOGETAS I


                Quienes son los Padres Apologetas, son los Protectores de la fe, son los escritores eclesiásticos que, una vez pasado el tiempo más cercano a los Apóstoles y a sus discípulos inmediatos, recogieron la antorcha de la enseñanza evangélica y la transmitieron a los grandes Padres de la Iglesia de los siglos IV y V. Se trata de una época especialmente interesante, pues estos hombres tuvieron que hacer frente a graves peligros, que amenazaban —cada uno a su modo— la existencia misma de la Iglesia. Esta denominación tiene su origen etimológico en la palabra griega «apologhia» que significa defensa. Los apologetas desarrollaron la defensa del cristianismo, convirtiéndose  asi en los primeros teólogos de la Iglesia.
         Éstos en gran parte eran laicos que provenían del paganismo. Se trataba de hombres cultos que asumieron la filosofía helenística, pero dando por sentado que el cristianismo es superior a la filosofía. Especialmente Platón fue fuente de inspiración para la tarea de los apologetas. Son estos Padres los que comenzaron a utilizar el concepto de Logos para referirse a Cristo, siguiendo la doctrina paulina y joánica de considerar a Cristo como «sabiduría del Padre».
         Muchos de sus escritos iban más allá de la utilización de la apologética para demostrar que el cristianismo era una religión inofensiva y que ésta contenía lo mejor de la civilización y del Imperio Romano. Había además una verdadera intención misionera, con el propósito de que la fe cristiana fuera abrazada por más personas. En sus obras encontramos exposiciones de la transformación moral operada por la religión de Cristo, de la pureza de las nuevas costumbres, de la caridad de los cristianos, afirmando que la fe es una fuerza de primer orden para el mantenimiento y bienestar del mundo y necesaria para la civilización.
         Entre estos Padres destacan Justino (165), la apología a Diogneto (redactada a fines delsiglo II), Ireneo de Lyon (202),  Hipólito de Roma (236), Tertuliano (221), Minucio Félix (Siglo II) Cipriano de Cartago  (258) y Lactancio (320). Formando la «Escuela de Alejandría» podemos mencionar a Orígenes (254) —el padre de la Teología—, Clemente de Alejandría (215),  Panteno (216).; y de la «Escuela de Antioquía»,  Luciano (312).
         Estos Padres tuvieron que hacer frente a graves peligros, a continuación esbozamos un breve resumen. Hacia la mitad del siglo II surgen imprevistamente una media docena de corrientes que turban a la Iglesia, las cuales carecían de fundamentos o enlace con el espíritu tradicional del cristianismo. Se trata fundamentalmente de dos corrientes: el gnosticismo y el montanismo (denominado así a causa de su fundador, Montano). Mientras el primero es partidario de un cristianismo adaptado al ambiente cultural-religioso del momento —y por tanto, vaciado de su contenido estrictamente sobrenatural—, los montanistas predicaban la renuncia total al mundo y esperaban de un momento a otro el fin de todas las cosas, proponiendo a los cristianos el alejamiento por completo del mundo, el cual era concebido como lugar de perdición.
         Las corrientes gnósticas constituyeron el primer intento sistemático de dar una explicación racional de la fe. Para tal fin, no dudaron en mutilar gravemente los libros sagrados, rechazar arbitrariamente los pasajes que les estorbaban e inventaban revelaciones de las que sólo ellos eran depositarios, al margen de la Jerarquía de la Iglesia. Ese espíritu gnóstico, en formas diversas, ha estado siempre presente en la historia, aún en la actualidad.
         En esta época también encontramos la herejía docetista —combatida por Ignacio de Antioquía(107)—, la cual negaba la humanidad de Cristo. Nuestra fe es bien clara: Cristo es al mismo tiempo verdadero Dios y verdadero hombre. Asimismo, surgió otra corriente herética denominada novacianismo. Novaciano, su creador, sostenía que la apostasía era un pecado irremisible y que los lapsi —en latín «caídos»— nunca podían ser readmitidos a la comunión de la Iglesia, ni siquiera a la hora de la muerte. Sostenía, además, que la Iglesia debía formarse sólo por los enteramente puros y negaba, como los montanistas, que la idolatría, el adulterio y el homicidio pudieran perdonarse.
         Sumada a las herejías, se presentó una oposición creciente a la religión cristiana a través de nuevas persecuciones de los emperadores romanos, odiosas calumnias del vulgo y la reacción intelectual de paganos cultos en contra de los cristianos.

IRINEO DE LYON


         No puedo ocultar una gran simpatía por Ireneo de Lyon por su interés y celo en desenmascarar la herejía, y al mismo tiempo me congratulo al ver la prudencia con la cual juzgó a movimientos heterodoxos como el Montanismo. Veamos pues, algo de la vida de este interesantísimo, hombre, que como tantos otros en los primeros siglos de la era cristiana no se limitó a defender la Verdad del Evangelio con la pluma, sino que terminó pagando con su propia sangre, el precio de llamarse cristiano.
         Obispo de la ciudad de Lugdunum , en las Galias (actual Francia), nace sin embargo en Asia Menor, posiblemente hacia el 130-140 donde escucha de joven al viejo Policarpo, que le transmite las verdades y doctrinas de la fe cristiana que él mismo había oído de la boca del apóstol Juan, muerto solo unas décadas antes. Así la influencia de Policarpo, y por ende del "Discípulo Amado" del Señor, dejarán en su doctrina y legado una huella imborrable. Parece ser que después pasó un tiempo en Roma, pero sea como fuese, le encontramos en Galia ejerciendo de presbítero de la Iglesia de Lyon en el año 177.
         Entre sus muchas actuaciones cabe destacar una muy interesante, actuó como mediador entre la cristiandad occidental y la oriental, de dónde él mismo era originario, sobre la controvertida cuestión de la celebración de la Pascua. Las iglesias de Asia Menor y Oriente en general la celebraban, el 14 de Nisan según el calendario judío y la tradición legada por el apóstol Juan. Mientras que la cristiandad satélite de Roma y de Alejandría la celebraban el domingo inmediatamente después de la primera luna llena de primavera. Esta disparidad de criterios estuvo a punto de producir un cisma. Ireneo le pide al obispo Romano comprensión y paciencia hacia las iglesias orientales. Este hecho es el último del que tenemos datación precisa en la vida de Ireneo; después no sabemos más de él, y las noticias de su martirio serán tardías.
         La obra cumbre de Ireneo de Lyon, por la que se le ha llegado a conocer y estudiar, es Adversus Aereses, o "Contra las Herejías". ha llegado a nosotros prácticamente íntegra por medio de diferentes fragmentos. El título completo en Griego es "Desenmascarar y Refutar la falsamente llamada Ciencia (lit. Gnosis)" lo cual es uno de sus dos principales objetivos con esta obra, siendo el segundo, en sus propias palabras: "La Demostración de la Predicación Apostólica". Ireneo no trata de inventar nada nuevo ni de elucubrar sobre la fe cristiana, se limita a transmitir las doctrinas que él había recibido por medio de Policarpo y las Escrituras, para de este modo desenmascarar a los herejes que se habían infiltrado en la Iglesia.
         En "Contra las Herejías", Ireneo de Lyon nos va desgranando una a una las verdades fundamentales de la fe cristiana. En el libro I hay una serie de exposiciones sobre los herejes a los que combate, y sus doctrinas. El Libro II es la refutación propiamente dicha. El Libro III es una demostración de las verdades fundamentales de la fe cristiana; la verdad de las Escrituras, La Unicidad de Dios, Cristo hecho hombre, etc. En el libro IV citando ampliamente las escrituras y las Palabras del Señor demuestra la unidad del A.T. y del N.T. frente a los gnósticos y otros herejes (de ahí la idea de la Iglesia como Universal, no solo en el sentido físico, sino en el Escritural). El libro V expone su escatología milenarista, heredada de los apóstoles: el Anticristo, la Resurrección de los justos y el Milenio.

lunes, 10 de enero de 2011

PAPIAS DE HIERAPOLIS


         Una de las figuras mas destacadas de la iglesia primitiva es Papias. Según testimonio de  Eusebio de Cesárea fue obispo de Hierápolis, Frigia (Asia Menor). Mientras que Ireneo de Lyon, nos comenta que fue «oyente de Juan, compañero de Policarpo de Esmirna, "varón antiguo". Sin duda, uno, de los que integraban el grupo de los denominados «presbíteros asiáticos» de los que habla el obispo de Lyon. La vida de Papías  corrió paralela con la de Policarpo, aunque es poco probable que alcanzase la edad del obispo de Esmirna. Murió, al parecer, hacia el 150.
         El prestigio de Papías fue grande en la Iglesia primitiva, siendo tenido en gran estima por  Ireneo de Lyon. En cambio, Eusebio no parece compartir esta estima. Llego a decir, el de Cesarea, que Papías fue «un varón de mediocre inteligencia, como demuestran sus libros» (Hist. Ecl. III,39,13); pone además en tela de juicio el hecho de que fuese auditor directo del apóstol Juan. Después de haber seguido en su Crónica el parecer de Ireneo y de Jerónimo, se aparta de éstos en su Historia, fundando su opinión en las primeras palabras de la obra de Pausías (III,39,2) en las cuales sostiene, según el obispo cesariense, que Papías no fue discípulo de Juan el Evangelista, sino de Juan el Presbítero. No parece avalar el parecer de Eusebio el hecho de la doctrina quiliasta de Papías se explicaría fácilmente en un discípulo directo de Juan Evangelista. El deseo de desacreditar al milenarismo por parte de algunos ya desde la Antigüedad explicaría la forma en que Eusebio de Cesarea lo trata en su "Historia Eclesiástica". Pero, como registra la historia, milenaristas fueron la mayoría, si no casi todos, los Padres de la Iglesia primitiva.
         Siendo ya obispo de Hierápolis, Papías escribió un tratado en cinco libros titulado Explicación de los Dichos del Señor. Esta obra fue compuesta hacia el 130, según resulta de la referencia que en ella se hace al gobierno de Adriano (fragmento XI). . Es una de las primeras exégesis de los dichos (logias) de Jesús de Nazaret. Como fuentes utiliza el autor los evangelios de Mateo, Marcos y Juan y, además, las enseñanzas orales de los familiares de los apóstoles y tal vez los testimonios de las hijas del apóstol Felipe, que vivían en Hierápolis. El conjunto de su obra se perdió, y sólo quedaron fragmentos del prefacio, citados por Eusebio, lo que dificulta, enormemente un análisis con cierto rigor de la obra.
En el prefacio de su obra resume Papías el fin que pretende:
         "No dudaré en ofrecerte, ordenadas juntamente con mis interpretaciones, cuantas noticias un día aprendí y grabé bien en mi memoria, seguro como estoy de su verdad. Porque no me complacía yo, como hacen la mayor parte, en los que mucho hablan, sino en los que dicen la verdad; ni en los que recuerdan mandamientos ajenos, sino en los que recuerdan los que fueron mandados por el Señor a nuestra fe y proceden de la verdad misma. Y si se daba el caso de venir alguno de los que habían seguido a los ancianos, yo trataba de discernir los discursos de los ancianos: qué había dicho Andrés, qué Pedro, qué Felipe, qué Tomás o Santiago, o qué Juan o Mateo o cualquier otro de los discípulos del Señor; igualmente, lo que dice Aristión y el anciano Juan, discípulos del Señor. Porque no pensaba yo que los libros pudieran serme de tanto provecho como lo que viene de la palabra viva y permanente."
                                                                           (Eusebio,Hist.Ecl.III,39,3-4)
         En esta obra, Papías no sólo explica el sentido de las palabras de Cristo y narra también relatos de su vida, tomados de los evangelios. Además de servir como fuente para Ireneo de Lyon, Eusebio de Cesárea, Felipe de Side y Andrés de Cesárea, quedando tan solo pequeños fragmentos, recogidos casi todos ellos por el obispo de Cesárea en su Historia Eclesiástica.

domingo, 9 de enero de 2011

POLICARPIO DE ESMIRNA


         Nació nuestro protagonista hacia el año 75, probablemente en el seno de una familia que ya era cristiana. Ireneo de Lyon, que lo conoció personalmente, afirma que había recibido las enseñanzas de los Apóstoles y el mismo Juan el evangelista le había consagrado Obispo de Esmirna. Si esto fuera así, la figura de este, padre apostolico tal como la conocemos por la carta que de él conservamos y por el relato de su martirio, es muy congruente con el elogio que Juan hizo del Ángel de la Iglesia de Esmirna en el Apocalipsis. Según los exegetas, con el nombre de Ángel se designa en el Apocalipsis a los lideres que presidían las Iglesias entonces establecidas en Asia Menor.
         La labor pastoral de Policarpo debió de ser muy fecunda. Acogió con gran afecto a Ignacio de Antioquía, camino del martirio, y recibió de él una carta muy admirada en la Iglesia primitiva. Del mismo Policarpo sólo se conserva una carta a la comunidad de Filipos: está escrita en un estilo sencillo y sobrio.Esta epístola apela hacia la unidad y da consejos a todos los fieles.
         También fue muy eficaz su actividad contra las herejías, consiguiendo que regresaran al buen camino numerosos seguidores de diversas sectas gnósticas.
         Cuando estalló una persecución anticristiana, se escondió en una casa de campo, a ruego de sus fieles, pero fue descubierto por la traición de un esclavo y condenado a la hoguera. Murió en el año 155.
         De particular interés histórico y religioso son las Actas del martirio de Policarpo, generalmente reconocidas como auténticas: son un documento por el que la Iglesia de Esmirna daba a conocer a las Iglesias hermanas la manera como su obispo juntamente con muchos de sus fieles había sufrido una muerte ejemplar en la persecución. La comunidad cristiana de Esmirna redactó una larga carta dirigida a la de Filomelium, ciudad frigia, al parecer con ocasión del primer aniversario del martirio. Esta carta, conocida con el nombre de Martirio de Policarpo, escrita por testigos oculares, es la primera obra cristiana exclusivamente dedicada a describir la pasión de un mártir, y la primera en usar este título para designar a un cristiano muerto por la fe.
         Policarpo de Esmirna es, con su larga vida, un puente entre la generación de los apóstoles y las generaciones que vivieron la expansión doctrinal y numérica del cristianismo. Por una parte fue discípulo del apóstol Juan, y por otra fueron discípulos suyos los grandes maestros Papías e Ireneo. Este último, en un pasaje de singular fuerza evocadora, apela a Policarpo como fiel transmisor de la doctrina de los apóstoles.

GRANDES CENTROS DEL CRISTIANISMO OCCIDENTAL: ROMA-CARTAGO


         En el occidente del Imperio romano dos ciudades destacaron muy pronto en el mapa de la expansión del cristianismo  y en el importante papel que habían de desarrollar en él durante el cristianismo primitivo: Roma y Cartago.
         
     Por ser Roma la capital imperial y por sentirse  sus  obispos sucesores del apóstol Pedro, el protagonismo de Roma en el desarrollo del catolicismo, es crucial, aunque en grado diverso según la época. La presencia del cristianismo en Roma esta atestiguada desde muy temprano. Al menos desde mediados del siglo I cuando Pablo desde Corintio dirigió una epístola a la comunidad romana. A esta información hay que añadir, los testimonios de escritores como Tácito (Anales, 15,44) y Suetonio (Claudio, 25,4) confirman también la antigüedad del cristianismo romano.
         
    La presencia de Pablo en Roma esta constatada. No sabemos cuando llego Pedro a Roma. Solo tenemos como testimonios extrabíblicos, los escritos de Clemente romano hacia el año 96, en su primera carta a los Corintios; y de Dionisio de Corinto, quien en el texto de una carta escrita a los romanos (entre el 166 al 174) y trascrito por Eusebio, afirma que Pedro y Pablo, afirma que Pedro y Pablo, "después de dar testimonio juntos en Italia, los dos dieron testimonio en la misma ocasión".
         
    Entre los cristianos de la capital es lógico que aparezca elementos de las mas variadas procedencias. Es un hecho constatando la presencia en Roma de una gran comunidad judía. En ella predicarían el cristianismo judíos cristianos venidos de Palestina y de Antioquia, aunque desde muy antiguo también era nutrida la presencia de paganos convertidos a la nueva fe. Durante los dos primeros siglos, la lengua oficial de la comunidad cristiana de Roma fue el griego y todavía en pleno siglo III, los nombres de sus obispos enterrados en la famosa "Cripta de los papas", en el cementerio de San Calixto, aparen en griego, con la abreviatura de obispo, también en griego.
         
    Roma sera, desde muy pronto, el centro más activo del Occidente cristiano. Pero en el proceso de enculturación del cristianismo en el mundo latino le acompaña destacadamente la ciudad africana de Cartago.
         
    Cartago era la capital de la provincia romana del África proconsular y la más importante de las ciudades occidentales del Imperio. En estrecho contacto con Roma por vía marítima, debió de ser de las primeras ciudades del Occidente romano en formar una comunidad cristiana. Sin embargo el testimonio más antiguo sobre el cristianismo en África no se refiere a Cartago sino a una ciudad llamada Scilli. Se trata pues de una de las pocas Actas de mártires  que merecen credibilidad histórica, son las actas proconsulares de unos mártires que padecieron martirio el 17 de julio del año 180, y son el primer documento cristiano escrito en latín. Solo 17 años después aparecen las primeras obras escritas de Tertuliano, en latín. Sus obras serán conocidas en toda la cristiandad y dejaran una profunda huella. Por testimonios de este autor sabemos que el cristianismo estaba presente en el casi todo el Norte de África para el siglo III.

jueves, 6 de enero de 2011

GRANDES CENTROS DEL CRISTIANISMO ORIENTAL: ANTIOQUIA - ALEJANDRIA

         Antioquia de Siria quedara marcada para siempre como la ciudad en la que por primera vez se llamo "cristianos" a los seguidores de Jesús, "el Cristo" (Hch. 11:26). No es su única primacía. Fue también la primera metrópolis del cristianismo después de la efímera primacía de Jerusalén. Y la primera ciudad en la que se despojo al cristianismo de elementos culturales estrictamente judaicos, abriendo las puestas hacia el universalismo, al hacer posible desde muy temprano su acercamiento a otras culturas como la siro-helenística.
         El griego koine era la lengua habitual del oriente romano, entre las personas cultas y de buena parte de la población, incluida la comunidad cristiana. Entre las capas  socialmente inferiores, en los suburbios y en la población rural lo que se hablaba era el arameo-siriaco. Antioquia era una de las principales ciudades y centros culturales de Oriente.
         Desde Antioquia partieron muchos misioneros desde la época de Pablo. Muchas comunidades de Asia Menor nacieron como fruto de su acción misionera, y esto junto con su papel de capital política (no olvidemos que Antioquia fue la metrópolis principal del Imperio Seléucida), proporciono a su Iglesia el prestigio y la autoridad necesaria para ser considerada como madre de otras muchas comunidades, y su obispo atribuirse poderes especiales respecto a otros.
         Antioquia en los siglos IV y V fue sede y escenario de importantes acontecimientos en la historia del cristianismo. Siguió siendo un importante centro cultural y siguió siendo cuna  de destacados escritores cristianos (Juan Crisostomo). Tampoco hay que olvidar su escuela exegética de interpretación bíblica, siendo junto con la de Alejandría las más importantes del mundo romano.
         Se ha discutido mucho sobre el origen exacto del cristianismo en Egipto y especialmente en su capital Alejandría. Lo mas lógico parece que el cristianismo llego a Egipto, como a otros muchos lugares por diferentes vías.
         En Egipto penetro el cristianismo rápidamente, y en el siglo II había experimentado una notable dispersión por la región. La corta distancia que separa a Jerusalén de Alejandría, la abundancia de judíos en esta última ciudad y sus contactos frecuentes los judíos palestinos, hace muy posible la hipótesis de una temprana influencia en Alejandría de los cristianos.
         Dos peculiaridades de la iglesia alejandrina conviene señalar de manera muy especial. La primera se refiere a su organización jerárquica, la segunda, a su importante papel en el recurrir a la filosofía griega como auxiliar de la fe cristiana dentro del ámbito helenístico.
         Existen varios textos que han dado pie a la idea de que en los primeros tiempos la iglesia de Alejandría, como otras comunidades, estaba regida por un colegio de presbíteros, los cuales elegían entre si a uno y lo ordenaban como obispo. Esta forma colegial de concebir la jerarquía no fue óbice para que bastante pronto el obispo de Alejandría se convirtiera en el obispo metropolitano con mas poder personal en toda la región, hasta tal punto que se llegase a compararlo con los antiguos faraones. A ello contribuyo sin duda el carácter especial de un Egipto cristiano en el que existió siempre una notable desproporción entre las dimensiones de la capital y el resto de las demás sedes.
         Por ultimo cabe decir, que Alejandría seguía siendo la ciudad culta por excelencia, donde florecieron gran numero de escritores cristianos, que sentían la necesidad de aplicar, la razón sus conocimientos  filosóficos y su metodología a la doctrina que profesan al aceptar la fe cristiana. De entro todos esos maestros cabe destacar a Origenes, que con su doctrina neoplatónica revoluciono el cristianismo tomando cada vez más un cariz diferente al inicial.

lunes, 3 de enero de 2011

LA PRIMITIVA LITERATURA CRISTIANA (siglos I-II)


         Ahora una vez hecho un repaso a como se fue fraguando la Iglesia primitiva, vamos  a pasar a tratar otro aspecto importante el que hace referencia a la literatura.
         
     La literatura cristiana de los siglos I y III refleja una gran variedad de posturas y corrientes. Precisamente porque Jesús no fundo ni determino con detalle como debería ser la Iglesia, hubo un gran espacio para la creatividad de las comunidades y las señales referenciales del cristianismo. El actual canon del Nuevo Testamento recoge escritos fundaciones a los que se dio valor oficial, después de un largo proceso de evolución. Las iglesias primitivas no tenían una homogeneidad doctrinal ni uniformidad organizativa, tampoco un órgano centralizado que impusiera su propia teología. De ahí la pluralidad de corrientes y escritos, así como la imprecisión inicial en la que se movían las fronteras entre ortodoxia y heterodoxia, iglesia, y secta, pluralidad y cisma, serán conceptos que se irán limando en este periodo formativo.
         
     El corpus paulino, junto con los evangelios, son los dos grandes bloques del Nuevo Testamento. Un papel relevante tuvo también el libro de los Hechos de los apóstoles. Finalmente, destacamos el corpus joanico, que abarca el evangelio, tres cartas y el apocalipsis todos atribuidos según la tradición a Juan. A este último bloque hay que añadir  un grupo de cartas las de Santiago, las dos de Pedro y la de Judas. Estos dos últimos bloques reflejan un tipo de cristianismo claramente diferente de de los sinópticos y del corpus paulino, y reflejan a su vez como fue evolucionando el cristianismo a lo largo de todo el siglo I.
         
     Fuera de los escritos canónicos destacan dos grandes bloques. Por un lado, los escritos apócrifos de autores desconoces y de procedencia y fecha muy variadas, entre los cuales destacan, evangelios, epístolas y apocalipsis. Muchos de estos escritos tienen visos cristianos, pero se caracterizan por el fuerte influjo oriental, sobre todo gnóstico. Tienen un fuerte acerbo doctrinal y esotérico y recogen gran diversidad de fuentes, tradiciones y lugares. Muestran un tipo de cristianismo helenista, no romano y muy sincretista. De todos estos escritos los más importantes son El evangelio de los Hebreos, El evangelio de Tomas y Felipe. Los escritos de Nag Hammadi, de corte gnóstico son muy interesantes como complemento y contrapunto a los evangelios canónicos.
         
     El otro gran bloque de la literatura cristiana, es el que llamamos de los "padres apostólicos", de la primera mitad del siglo II, que incluye estudios muy importantes como la Didaje, también conocida como La doctrina de los doce apóstoles. Es un escrito muy interesante para captar la organización, liturgia y preceptos morales de las comunidades cristianas de finales del siglo I.  También tiene interés la carta de Clemente de Roma a los Corintios, que muestran los problemas que se daban en esa comunidad paulina. Fue una carta que tuvo gran autoridad en la Iglesia antigua.
         
     El fortalecimiento y el resurgir con fuerza de la jerarquía eclesiástica,  en especial de la figura del obispo, se encuentra en las cartas de Ignacio de Antioquia, segundo obispo de dicha ciudad que ejerció el cargo y murió bajo el imperio de Trajano. Estas cartas ofrecen una perspectiva de la situación del cristianismo en Asia Menor. Muestran los lazos que comenzaban a tejerse entre las diferentes iglesias de la zona oriental del Imperio. Tuvieron gran difusión por su espiritualidad y por el prestigio del martirio de Ignacio narrado en un documento que se convirtió en la primera de las "actas de mártires".
         
     Importancia menor tiene la epístola de Bernabe, escrito doctrinal dedicado a la cristología, al bautismo y a la liturgia, y el fragmente de Papias de Hieropolis, trasmitido por Eusebio de Cesárea, que conserva una tradición oral sobre Jesús y testimonio la preocupación eclesial por conservar la doctrina inicial y su trasmisión.
         
     Por ultimo hay que destacar los escritos de Hermas, el Pastor, muy interesantes para captar la organización y jerarquización de las Iglesias.