No puedo ocultar una gran simpatía por Ireneo de Lyon por su interés y celo en desenmascarar la herejía, y al mismo tiempo me congratulo al ver la prudencia con la cual juzgó a movimientos heterodoxos como el Montanismo. Veamos pues, algo de la vida de este interesantísimo, hombre, que como tantos otros en los primeros siglos de la era cristiana no se limitó a defender la Verdad del Evangelio con la pluma, sino que terminó pagando con su propia sangre, el precio de llamarse cristiano.
Obispo de la ciudad de Lugdunum , en las Galias (actual Francia), nace sin embargo en Asia Menor, posiblemente hacia el 130-140 donde escucha de joven al viejo Policarpo, que le transmite las verdades y doctrinas de la fe cristiana que él mismo había oído de la boca del apóstol Juan, muerto solo unas décadas antes. Así la influencia de Policarpo, y por ende del "Discípulo Amado" del Señor, dejarán en su doctrina y legado una huella imborrable. Parece ser que después pasó un tiempo en Roma, pero sea como fuese, le encontramos en Galia ejerciendo de presbítero de la Iglesia de Lyon en el año 177.
Entre sus muchas actuaciones cabe destacar una muy interesante, actuó como mediador entre la cristiandad occidental y la oriental, de dónde él mismo era originario, sobre la controvertida cuestión de la celebración de la Pascua. Las iglesias de Asia Menor y Oriente en general la celebraban, el 14 de Nisan según el calendario judío y la tradición legada por el apóstol Juan. Mientras que la cristiandad satélite de Roma y de Alejandría la celebraban el domingo inmediatamente después de la primera luna llena de primavera. Esta disparidad de criterios estuvo a punto de producir un cisma. Ireneo le pide al obispo Romano comprensión y paciencia hacia las iglesias orientales. Este hecho es el último del que tenemos datación precisa en la vida de Ireneo; después no sabemos más de él, y las noticias de su martirio serán tardías.
La obra cumbre de Ireneo de Lyon, por la que se le ha llegado a conocer y estudiar, es Adversus Aereses, o "Contra las Herejías". ha llegado a nosotros prácticamente íntegra por medio de diferentes fragmentos. El título completo en Griego es "Desenmascarar y Refutar la falsamente llamada Ciencia (lit. Gnosis)" lo cual es uno de sus dos principales objetivos con esta obra, siendo el segundo, en sus propias palabras: "La Demostración de la Predicación Apostólica". Ireneo no trata de inventar nada nuevo ni de elucubrar sobre la fe cristiana, se limita a transmitir las doctrinas que él había recibido por medio de Policarpo y las Escrituras, para de este modo desenmascarar a los herejes que se habían infiltrado en la Iglesia.
En "Contra las Herejías", Ireneo de Lyon nos va desgranando una a una las verdades fundamentales de la fe cristiana. En el libro I hay una serie de exposiciones sobre los herejes a los que combate, y sus doctrinas. El Libro II es la refutación propiamente dicha. El Libro III es una demostración de las verdades fundamentales de la fe cristiana; la verdad de las Escrituras, La Unicidad de Dios, Cristo hecho hombre, etc. En el libro IV citando ampliamente las escrituras y las Palabras del Señor demuestra la unidad del A.T. y del N.T. frente a los gnósticos y otros herejes (de ahí la idea de la Iglesia como Universal, no solo en el sentido físico, sino en el Escritural). El libro V expone su escatología milenarista, heredada de los apóstoles: el Anticristo, la Resurrección de los justos y el Milenio.La obra cumbre de Ireneo de Lyon, por la que se le ha llegado a conocer y estudiar, es Adversus Aereses, o "Contra las Herejías". ha llegado a nosotros prácticamente íntegra por medio de diferentes fragmentos. El título completo en Griego es "Desenmascarar y Refutar la falsamente llamada Ciencia (lit. Gnosis)" lo cual es uno de sus dos principales objetivos con esta obra, siendo el segundo, en sus propias palabras: "La Demostración de la Predicación Apostólica". Ireneo no trata de inventar nada nuevo ni de elucubrar sobre la fe cristiana, se limita a transmitir las doctrinas que él había recibido por medio de Policarpo y las Escrituras, para de este modo desenmascarar a los herejes que se habían infiltrado en la Iglesia.
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