Ahora una vez hecho un repaso a como se fue fraguando la Iglesia primitiva, vamos a pasar a tratar otro aspecto importante el que hace referencia a la literatura.
La literatura cristiana de los siglos I y III refleja una gran variedad de posturas y corrientes. Precisamente porque Jesús no fundo ni determino con detalle como debería ser la Iglesia, hubo un gran espacio para la creatividad de las comunidades y las señales referenciales del cristianismo. El actual canon del Nuevo Testamento recoge escritos fundaciones a los que se dio valor oficial, después de un largo proceso de evolución. Las iglesias primitivas no tenían una homogeneidad doctrinal ni uniformidad organizativa, tampoco un órgano centralizado que impusiera su propia teología. De ahí la pluralidad de corrientes y escritos, así como la imprecisión inicial en la que se movían las fronteras entre ortodoxia y heterodoxia, iglesia, y secta, pluralidad y cisma, serán conceptos que se irán limando en este periodo formativo.
El corpus paulino, junto con los evangelios, son los dos grandes bloques del Nuevo Testamento. Un papel relevante tuvo también el libro de los Hechos de los apóstoles. Finalmente, destacamos el corpus joanico, que abarca el evangelio, tres cartas y el apocalipsis todos atribuidos según la tradición a Juan. A este último bloque hay que añadir un grupo de cartas las de Santiago, las dos de Pedro y la de Judas. Estos dos últimos bloques reflejan un tipo de cristianismo claramente diferente de de los sinópticos y del corpus paulino, y reflejan a su vez como fue evolucionando el cristianismo a lo largo de todo el siglo I.
Fuera de los escritos canónicos destacan dos grandes bloques. Por un lado, los escritos apócrifos de autores desconoces y de procedencia y fecha muy variadas, entre los cuales destacan, evangelios, epístolas y apocalipsis. Muchos de estos escritos tienen visos cristianos, pero se caracterizan por el fuerte influjo oriental, sobre todo gnóstico. Tienen un fuerte acerbo doctrinal y esotérico y recogen gran diversidad de fuentes, tradiciones y lugares. Muestran un tipo de cristianismo helenista, no romano y muy sincretista. De todos estos escritos los más importantes son El evangelio de los Hebreos, El evangelio de Tomas y Felipe. Los escritos de Nag Hammadi, de corte gnóstico son muy interesantes como complemento y contrapunto a los evangelios canónicos.
El otro gran bloque de la literatura cristiana, es el que llamamos de los "padres apostólicos", de la primera mitad del siglo II, que incluye estudios muy importantes como la Didaje, también conocida como La doctrina de los doce apóstoles. Es un escrito muy interesante para captar la organización, liturgia y preceptos morales de las comunidades cristianas de finales del siglo I. También tiene interés la carta de Clemente de Roma a los Corintios, que muestran los problemas que se daban en esa comunidad paulina. Fue una carta que tuvo gran autoridad en la Iglesia antigua.
El fortalecimiento y el resurgir con fuerza de la jerarquía eclesiástica, en especial de la figura del obispo, se encuentra en las cartas de Ignacio de Antioquia, segundo obispo de dicha ciudad que ejerció el cargo y murió bajo el imperio de Trajano. Estas cartas ofrecen una perspectiva de la situación del cristianismo en Asia Menor. Muestran los lazos que comenzaban a tejerse entre las diferentes iglesias de la zona oriental del Imperio. Tuvieron gran difusión por su espiritualidad y por el prestigio del martirio de Ignacio narrado en un documento que se convirtió en la primera de las "actas de mártires".
Importancia menor tiene la epístola de Bernabe, escrito doctrinal dedicado a la cristología, al bautismo y a la liturgia, y el fragmente de Papias de Hieropolis, trasmitido por Eusebio de Cesárea, que conserva una tradición oral sobre Jesús y testimonio la preocupación eclesial por conservar la doctrina inicial y su trasmisión.
Por ultimo hay que destacar los escritos de Hermas, el Pastor, muy interesantes para captar la organización y jerarquización de las Iglesias.
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